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martes, 17 de julio de 2012

El que persevera ¿Alcanza?



A menudo se escucha el popular refrán que dice que el que persevera, siempre alcanza. Lo dicen los eternos enamorados que a veces se aferran a éste para justificar su desencadenada desesperación por conseguir el amor de alguien que podría encontrarlo, tanto romántico así como compulsivo o hasta tildarlo de acoso.

Existe una fina línea divisoria entre la perseverancia y la insistencia más allá de lo permitido. Así mismo sucede en los negocios con el personal de ventas y hasta en altas esferas organizacionales donde se generan ideas millonarias. Las mismas pueden ser excelentes, pero la forma en que las presentamos marcará la diferencia para que sean bien acogidas o rechazadas de plano.

Como asesora de negocios, desarrollo adiestramientos en áreas donde se utiliza mucho la perseverancia tales como ventas, servicio al cliente, equipos de trabajo y desarrollo organizacional. Uno de los conceptos más discutidos en estas esferas, es la forma en que se presentan las ideas al cliente prospecto, ya sea éste externo o interno, y la insistencia en cómo se trata de “empujarlas” (dicho en lenguaje coloquial) logrando en consecuencia que, en vez de ser acogidas, a veces ni sean consideradas, aún sin examinarlas cuidadosamente.

Eso nos lleva a otro refrán: “No es lo que dices, es cómo lo dices” y con la insistencia en que lo dices. Pero en este caso también se incluye el agravante de cuántas veces lo dices, cuán a menudo lo dices y la presión a la que sometes a las personas para que te respondan inmediatamente.

Pero entonces, ¿no debemos perseverar? ¿Es que esa frase no es cierta? Todo va a depender de cómo perseveres, quién sea la persona a quién le estás perseverando, cuáles son sus circunstancias y qué es lo que estás tratando de proponer.

Me responderás que mi contestación es muy amplia. Quizás; pero si tomas las precauciones que te voy a presentar, podrás conducirte de manera más certera en cada caso en el que intentes poner en funcionamiento este refrán.

Precaución número 1:

Contéstate las siguientes preguntas y crea un perfil de la persona con quien vas a desarrollar este intercambio:

¿Con quién estás tratando? ¿Cómo es esa persona? ¿Le molesta o no que la presionen? ¿En qué capacidad la conoces y qué nivel de confianza tienes con ella?

Precaución número 2:

No importa cuán buena sea tu oferta (social o profesional): deja respirar a la persona.

Permítele un espacio de tiempo para digerir, estudiar y analizar lo que le presentaste.

Si le enviaste un correo electrónico, dale tiempo a que lo abra y reaccione.

Define operacionalmente cuánto sería lo razonable dentro de los límites de tiempo que se necesita para esa labor.

Precaución número 3:

Establece un balance.

No te veas desesperado en tu insistencia, pero tampoco lo dejes sin darle el debido seguimiento. Asegúrate que éste no sea de acoso.

Precaución número 4:

Evalúa las señales de la otra persona. La forma en que le contestes es vital.

El tono de voz si es por teléfono, sus gestos corporales si es personalmente y las palabras utilizadas si es en texto o correo electrónico.

Si tu intuición te da señales, aunque sean lejanas o casi imperceptibles, de que la persona se pudiera sentir incómoda, muy probablemente lo esté, y con una mayor intensidad de lo que tú te imaginas.

Precaución número 5:

Si no lograste de momento lo que te propusiste, evalúate a ti mismo y los métodos utilizados. Es probable que sea necesario que ajustes los mismos o que cambies tu estrategia para esta persona o para esa situación.

No sigas haciendo lo mismo esperando diferentes resultados: Palabras con Luz de Albert Einstein.

Por último, cree en ti mismo y en lo que deseas. Date valor y valoriza a la persona con quien estás tratando. Respeta su espacio y sé cortés.

Persevera, pero con cautela y juicio. Siempre procura tener tacto y respeto y, si te sientes que puedes conquistar al mundo, ve a conquistarlo y ten por seguro que si realmente sientes que lo vas a alcanzar, persevera.